The first summer playing our first ever cycling game in Malaga was over. September was close and It was time to return to Vitoria, my hometown in northern Spain. By then I was completely mad about the new game and I couldn’t wait to share it with my school friends.

Just a few minutes after unpacking at home I ran up to my dad’s store-room. I desperately needed a big piece of wood to build a new board (proto v.0.2). The long hours travelling across the Iberian peninsula had been very productive in my mind: lots of ideas, potential improvements, etc. My hunt at dad’s store-room was succesful: a sweet 2×1 m. wooden board had just become 100% Diego Hernandos’s propiety.
I sketched my first track using a ruler and a marker. Needless to say that the result was far from perfect, but it didn’t matter, I had a board! Step 2: the tokens. I gathered all my 5-peseta coins and customized 5 new teams that joined MY very own Festina* (which had travelled all the way from Malaga with me). Everything was ready: time for the official launch!

I invited 4 friends home for the first game in Vitoria and Leandro was one of them. I wanted them to like my new game so badly that I would rush all the tedious calculations so that we could play as many games as possible. It worked! soon my friends were as hooked on the game as I was. In the years to come countless afternoons, especially during holidays, would know no other activity that playing the new cycling game. The legend of CYCLING PARTY had conquered Vitoria!

*That legendary Festina would give me 2 years of glorious victories :)

Después de aquel verano en Málaga, tocaba regresar a la rutina de instituto en mi casa, en Vitoria. El enganche al juego había sido brutal, y yo volvía decidido a mostrárselo a mis amigos y seguir jugando, aprovechando los días que quedaban para empezar el curso.

Según llegamos a casa, el mismo día y tras deshacer las maletas, subí al desván a ver qué podía aprovechar. Necesitaba una superficie sobre la que dibujar un trazado para desarrollar el juego. Yo venía con las ideas fijas de Málaga, y pretendía hacer algo parecido. Allí el tablero de madera era la “cara b” del tablero/mantel del Subbuteo (un juego de mesa de fútbol), que mi primo tenía grapado para mantener liso y firme. Buscaba algo de dimensiones similares. Encontré una tabla de aproximadamente 2 metros de largo por 1 de ancho, super gruesa y que pesaba como un muerto, pero me pareció perfecta. Dibujé el trazado sin pensármelo mucho y me salió totalmente irregular, con casillas grandes y pequeñas y curvas a mano alzada con terrible pulso. Daba igual, el objetivo estaba cumplido, tenía tablero. Con pesetas hice rápidamente 5 equipos que se sumaron a MI Festina que me traje cruzando la península y que me acompañó un par de años. Todo estaba listo para la presentación en sociedad.

Invité a 4 amigos a mi casa, entre los cuales estaba Leandro, les expliqué el juego y comenzamos. Yo estaba ansioso por que les gustase, así que, entre etapa y etapa, me encargaba de hacer las clasificaciones con la calculadora y lo más rápido posible para poder jugar lo máximo y evitar que viesen lo malo del juego…y funcionó, vaya que si funcionó. Nos tirábamos horas y horas jugando, sobre todo en las vacaciones, y cada vez eran más los enganchados…CYCLING PARTY había triunfado en Vitoria.

As many other things in life, the origin of what we call CYCLING PARTY today comprises a remarkable lot of fortunate events. Let’s start with my family. Back in the late 80s, a good share of the Hernando bunch moved to the beautiful southern Spanish city of Malaga chaising my grandpa’s professional steps. It must have been during one of the traditional summer get-togethers when my cousin Rodrigo and I heard our uncles talking about an old kids game they used the play back in the days. The board game’s theme was cycling and it comprised basic materials such as bottle caps, a wooden board and a pair of die. The young friends customized the caps with stickers of cycling legends first and raced them on the board later applying a basic set of rules similar to other dice-based games. “A very creative and affordable way to spend long afternoons with your friends” said my uncle while my cousin Rodrigo took good note of every detail.

Days later, Rodrigo and I were enjoying one of those hot summer afternoons by the pool with our friends. At some point Rodri recalled our uncle’s story unleashing great excitement among the young audience. In fact, it didn’t take more than a couple of days of detemined kids’ work to put together the first ever version of our own game. Each one of our friends picked their very own cycling squad that would be painted and glued over 1-peseta coins. What a myriad of legendary names of teams like Banesto, Euskaltel, Kelme, ONCE or Festina we had!

We also created the first set of basic rules, most of them still used today in the addictive Junior version of Cycling Party. We also played stage races, similar to the current Master version. However back then there was no smart software that could spare us all the hard calculations to obtain the final scores. Wasted hours of pen, paper and calculator that could have made a good accontant of me!
Anyway, I remember those days with a smile in my face: summer, family, friends, colorful maillots over the badly sketched wooden board… what a time!

Como tantas cosas, la gestación del embrión de lo que es hoy CYCLING PARTY  fue muy fortuita. Entre finales de los años 80 y comienzos de los años 90, mi familia se asentaba en Málaga. No hablamos de una familia al uso, sino de una importante camada de Hernandos, de los cuales la mayoría emigró al sur siguiendo a mi abuelo en su devenir profesional. En una de tantas reuniones familiares, con mi primo Rodrigo presente, los más jóvenes de nuestros tíos comenzaron a recordar un juego que practicaban cuando eran más jóvenes. El origen del juego era muy común entonces. Jugaban a las chapas, pegándoles unos cromos de ciclistas de la época. Habían desarrollado un poco el juego y lo hacían usando dados y una serie de normas básicas. Por lo que cuentan, dado el gran número de hermanos que eran, montaban auténticos espectáculos en uno de los bares cercanos a su casa. Llevaban un tablero y cada uno sus chapas, se pagaban un refresco, y se tiraban toda la tarde jugando.

Mi primo tomó nota de todo aquello y se puso a maquinar. Aprovechando un verano, ya avanzados los 90, en el que nos juntamos un montón de gente en la piscina de la urbanización de su casa, decidió sacar el tema. Un poco entre todos, usando una tabla de madera como tablero, pesetas como fichas y nuestra discutible destreza con los rotuladores, hicimos los componentes del juego. Cada uno se hizo su equipo, y entre ellos estaban el Euskaltel, el Banesto, el Kelme, la ONCE, el Festina… todos personalizados con nuestros corredores favoritos. También ideamos las primeras normas. Sobreviven en gran medida en el juego en su versión junior, y son en parte responsables de la adicción que genera el juego. Jugábamos vueltas por etapas, algo similar a la versión máster del juego, pero para calcular tiempos y las clasificaciones hacíamos un trabajo de chinos con calculadora, bolígrafo y papel que tardamos muchos años en mejorar… y ésta era la gran pega del juego entonces.

De cualquier forma, nos pasábamos gran parte de las sobremesas del verano jugando, metiendo prisa para calcular los tiempos y empezar una nueva etapa, no sin antes pintar el maillot de líder para el ciclista correspondiente. ¡¡¡Qué tiempos!!!